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En 2010 un matrimonio mendocino se convertirá en el primero en acceder a la adopción internacional. Las expectativas, las dudas, la ansiedad de esta pareja que desde siempre se soñó familia numerosa.
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Nueva mirada. La abogada Fabiana Quaini empezó hace varios años a visitar orfanatos en Haití.
sábado, 29 de agosto de 2009
Serena busca entusiasmada en su cartera y expone sobre
la mesa las fotos de sus cinco hijos. La más pequeña se llama María. "Tiene
catorce meses. Gatea, todavía no camina y ya le salieron cuatro dientes",
comenta orgullosa. "Ahora está más flaquita, parece que no está comiendo
bien", dice y los ojos se le llenan de lágrimas.
Sufre los miedos de toda madre, pero multiplicados hasta la angustia, porque
la pequeña está en un orfanato de Haití y ella no puede hacer nada para
dibujarle una sonrisa. No conoce personalmente a su hija, pero a cada hora
sueña con ese encuentro, desde que en diciembre se confirmó la adopción.
Ésta es la primera familia mendocina que adopta un niño en el extranjero.
Empujadas por listas de espera interminables y por el sabor amargo que le
dejaron intentos frustrados o experiencias ?aterradoras' en el ámbito
ilegal; son cada vez más las personas que en Argentina ven la adopción
internacional como la oportunidad de constituirse en papá o mamá de un niño
(ver aparte).
Serena (39) y Martín (40) (los nombres son ficticios) resolvieron que ya no
querían volver a pasar por la ansiedad de inscribirse en una lista y esperar
por años, como lo hicieron con sus otros cuatro hijos (de 13, 10, 9 y 8
años). Un día los reunieron a todos en su vivienda de ciudad y les contaron
su decisión de iniciar los trámites en Haití.
Como lo hacen habitualmente, dialogaron sin tapujos con los chicos sobre las
dudas o temores que suscitaba la ampliación del clan.
Hablaron de los celos, de la reubicación en los dormitorios, del tiempo que
implica el juicio, de que las primeras palabras de su hermana serán en
francés, de sus raíces y hasta de los comentarios que puede generar el tono
café con leche de su tez. Para los chicos, todo eso resultó secundario.
Priorizaron la alegría y el cariño que le darán a su hermana.
Una familia numerosa
De novios, Martín y Serena ya ansiaban con una mesa familiar repleta. Por
eso, enseguida que supieron que no podrían concebir, se anotaron en los
distintos juzgados regionales de la Provincia. Por entonces, no existía el
RUA (Registro único de adopción). A los cuatro años, llegó la primera hija y
después la ?seguidilla de varones'.
Serena ya no recuerda cuántas veces pasó por estudios psicológicos,
ambientales y de todo tipo para ratificar su idoneidad como mamá. Ahora -por
tratarse de una adopción internacional- las exigencias fueron mayores e
incluso involucraron a sus hermanos, quienes asistieron entusiasmados al
Juzgado.
La gestión empezó en junio de 2008 y recién en diciembre ingresó su carpeta
al Instituto de Bienestar Social de Haití. ¿En el medio? Legalizaciones,
traducciones, sellados, juzgados, cancillerías, abogados y mucho más.
Todo empezó en Internet. La mujer no sabía manejarla, hasta "que puse la
palabra adopción y se me abrió un mundo". Así supo de los requisitos que
pide cada país, conoció de leyes, se comunicó con los 20 orfanatos haitianos
habilitados (de los cuales eligió al más serio), entró a foros de padres
franceses y participa de una red de latinos que están en la misma vivencia.
El gobierno de Haití en diciembre le asignó a María. Pero ahora está
transcurriendo el juicio, que suele demorar entre 12 y 18 meses. "Quizá la
podamos ir a buscar en marzo del año que viene, pero yo les dije a mis hijos
que será para las vacaciones de invierno. La espera se hace difícil.
Algunos niños llegan al asilo muy débiles o desnutridos. Te aclaran que se
puede morir o enfermar durante el proceso legal. Todos nuestros familiares y
amigos están rezando para que ella se encuentre bien", comenta.
Lo que disminuye la ansiedad familiar son las fotografías y mensajes que
cada dos meses les envían desde el orfanato. "Le pedimos a los franceses que
van a buscar a sus hijos que la fotografíen. Meses atrás, viajó nuestra
abogada y le armamos un álbum con fotos nuestras.
También le mandamos tres vestiditos y juguetes", contó.
La sonrisa de Serena sólo desaparece cuando hace referencia a ciertos
prejuicios. "No adoptamos una haitiana ?porque se ve lindo' -ironiza-; allá
los chicos se mueren y aunque sabemos que perderá sus raíces, su idioma, sus
comidas tradicionales... todo lo supera el amor de una familia. Y esto no es
solidaridad ni mucho menos, es ganas de tener otra hija". Respecto a sus
orígenes, lo único que saben los mendocinos es que su mamá biológica
falleció.
Una de las características de esta alternativa legal de adopción es que es
bastante onerosa. "Hace dos años que no salimos de vacaciones y no nos
compramos ropa ni nada nuevo, para juntar la plata. Tenemos que reunir ocho
mil dólares, que van para el abogado que lleva el proceso en Haití, la
manutención de nuestra hija y algún donativo para el orfanato", explica
Serena.
Aunque está en plena adolescencia, la hermana mayor le quiere ceder un lugar
en su habitación. Los otros tres no ven la hora de presentarla en el cole.
Todos son preparativos. "Le dejaremos su nombre actual, quizá le agreguemos
otro. Cuando llegue tendrá unos dos años", contó la mamá ilusionada.
sábado, 29 de agosto de 2009
En los últimos años, se acentuó en el país el
interés de parejas o personas solas que buscan adoptar a un hijo
mediante la vía internacional. Pese a tener que enfrentar un costo
económico no muy accesible y tardar meses y meses en completar el grueso
?papeleo' que exige la gestión, estas familias priorizan la ventaja de
que no tendrán que esperar más de tres años para tener a su hijo entre
sus brazos.
Es un tema que genera polémica. Si bien Argentina no ha firmado la
Convención sobre Adopción Internacional (La Haya en 1993), entre otras
cosas para evitar el tráfico de bebés; no hay ninguna ley nacional que
la prohíba Algunos profesionales la consideran una alternativa válida y
legal frente a la complicada situación de la adopción que sufre el país.
Fabiana Quaini es experta en Derecho Internacional Privado y conocida
por sus logros en restitución de menores. Comenzó a abordar la temática
por pedido de una amiga, quien no conseguía adoptar en el país, y no
pudo abandonarla. "Esto cambió mi vida realmente. Son procesos en los
que todos ganan", asegura.
La mujer ha viajado a Haití, Colombia (en semanas se embarcará a Uganda,
Ruanda, Sudáfrica y Burundí) para conocer de cerca la realidad, tratar
con los orfanatos y con los gobiernos locales para saber cuáles son las
entidades más serias. "Si no encuentran un hogar, en la calle los niños
se mueren. En el mejor de los casos, quedan como esclavos o en la
prostitución", señala.
La primera adopción que consiguió Quaini fue en Buenos Aires, pero lleva
casos en más de diez provincias. Entre las causas que explican este
incremento en la demanda, la abogada menciona los más de siete años de
espera y el que "los padres no están con el corazón en la boca pensando
que aparecerá la progenitora para llevárselos". También sostiene que
muchas parejas han pasado por experiencias "trágicas" buscando en el
ámbito ilegal.
La incursión en esta rama del Derecho Internacional le ha valido para
reconocer que existen situaciones ilegales. De ahí, que recalca en que
se deben seguir todos los pasos legales. El proceso se inicia con una
demanda judicial en la jurisdicción competente en Argentina, requiriendo
-entre otras cosas- el Certificado de Idoneidad Oficial, que sólo puede
ser remitido por un juez o tribunal. En el caso de Serena actuó el
Juzgado y el equipo profesional del RUA.
Luego los requisitos varían según el país. Respecto a la convivencia,
por ejemplo, en Haití se pide que una pareja lleve por lo menos 5 años
de casados y 5 años de convivencia. En Colombia, sólo exigen uno y en
Uganda ninguno.
Los donativos que pauta cada orfanato son -en gran parte- la causa de
las situaciones irregulares. Por recibir los montos -que van de los 7 a
los 14 mil dólares- algunos institutos de niños dejan ?pasar por alto'
la ausencia de alguna documentación.
La demora de la gestión también depende de la nación -de 6 meses a 3
años- así como la documentación con la que el niño sale de su país. En
ciertos lugares -como Colombia- el niño egresa ya con el apellido de su
nueva familia. En otras, debe tramitarse el paso de adopción simple a
plena en un tribunal local. Entonces en su pasaporte aparecerán el
apellido de origen y el nuevo.
Gisela Manoni - gmanoni@losandes.com.ar
Email: info@lexaustralis.com Contacto via web: www.lexaustralis.com/formulario.htm.
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