UN FALLO INEDITO CLARÍN 30-7-04, CORAZÓN PARTIDO

Un juez de EE.UU. le quitó la hija a una argentina y se la mandó al padre
REENCUENTRO. PABLO Y DANA, LUEGO DE DOS AÑOS SIN VERSE. AHORA EL PIDIO LA TENENCIA A LA JUSTICIA DE MENDOZA. (Foto: Los Andes)
La
pareja se había separado hace 22 meses en ese país. El fue deportado por ilegal
y vive en Mendoza. Ella sigue en Texas. El juez consideró que la mujer no puede
conseguir un trabajo estable.
Rafael
Morán.
MENDOZA. CORRESPONSAL
mendoza@clarin.com
La bajaron dormida del avión, pero un ruidoso recibimiento en el aeropuerto El
Plumerillo la despertó. "Hola, papito", le dijo Dana, de 5 años, a su padre,
Pablo Moreno. Y los familiares que habían acudido a esperarla, portando una
pancarta con un vistoso
Te amamos,
se largaron a llorar.
La chica había viajado casi 20 horas desde Texas en cumplimiento de la orden de un juez de los Estados Unidos, que la sacó del lado de la madre argentina para entregársela al padre, que vive en Mendoza. La pareja se había separado afectivamente hace 22 meses; Pablo fue deportado por estadía ilegal y se perdieron los vínculos entre ellos.
La historia
La abogada Marcela Quaini, encargada de traer a la niña, calificó la medida judicial como atípica e inédita tanto en la Argentina como en los Estados Unidos.
Como la determinación del juez norteamericano Brian Carpu, de la ciudad texana de Arlington, sólo dispone la restitución de Dana a su padre, éste se presentó ayer en una oficina de mediación de la Justicia de Minoridad y Familia para reclamar la tenencia definitiva de su hija (ver.Los próximos...).
La historia comenzó
en julio de 2001, cuando Pablo Moreno (24) y su compañera, Fabiana Castillo
(27), marcharon a los Estados Unidos con su hija "por dos o tres meses o a
trabajar si encontrábamos en qué hacerlo", relató el joven. En esa decisión
influyó también cierta inestabilidad emocional que sufría Fabiana. Por este
problema ella había estado internada en un hospital psiquiátrico de la capital
mendocina.
Pablo recordó que
la idea inicial era recibir el apoyo de los padres de Fabiana, radicados en
Texas, quienes se hicieron cargo del costo de los pasajes.
Pero el tiempo
previsto por la pareja se agotó y no contaron con dinero suficiente para volver
a Mendoza. Se quedaron en condición de ilegales. Finalmente, a los siete meses
rompieron su relación. Y entonces comenzó un verdadero calvario.
Pablo fue detenido por tener impagas dos multas de tránsito, y al descubrirse su situación de ilegal, fue deportado. Eso ocurrió en octubre de 2002.
Desde Mendoza pudo comunicarse pocas veces con su hija, que entonces tenía 3 años y luego —dijo— su ex compañera cambió de domicilio y de teléfono para evitar que tuviese contacto con la niña. "Les perdí completamente el rastro", contó Pablo. Ahora Fabiana tiene otro hijo y espera un tercero.
Con la ayuda de la abogada Quaini, especialista en derecho internacional, Pablo pidió a la Justicia norteamericana la restitución de su hija. Lo hizo por la vía administrativa de la Cancillería argentina y con la ayuda de un estudio jurídico de Texas.
El caso prosperó y
el miércoles el juez Carpu dispuso que la chica fuese restituida al padre. La
madre se había negado a hacerlo voluntariamente durante un año. El sheriff
de Arlington, Vicki Anderson, y un grupo de policías vestidos de civil retiraron
a Dana del departamento de sus abuelos maternos, la trasladaron al aeropuerto y
se la entregaron a la abogada Quaini para que la trajera de vuelta a Mendoza.
Fabiana había
desaparecido. Como su situación es irregular en Estados Unidos, se escondió de
la policía.
Fundamentos
"Las razones de la
restitución fueron que la madre de la niña es ilegal, no puede conseguir un
trabajo estable para mantenerla y se mudaba de domicilio continuamente", dijo
Quaini. El juez también consideró que la nena no contaba con autorización
judicial argentina para permanecer en el exterior.
Pablo dijo que "había perdido todas las esperanzas" de reencontrarse con su hija y que ahora que pudo hacerlo quiere "recuperar el tiempo perdido, llevándola a la escuela y jugando mucho" con ella. "Está bien, emocionada, contenta porque está conmigo; la veo cambiada y muy grande", afirmó Pablo entre sollozos.